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Susurros de Chalco...

lunes, 21 de enero de 2008

Paz.

Salió tambaleante y atravesó el boulevard Cuahutémoc escribiendo en el asfalto el itinerario en zig zag de sus pies enlodados. Escarbó en su gabardina y llevó a su boca el brillo áureo de un clarinete. Se detuvo en el jardín del hospital y, recostado en un ovalado tronco, entonó, con una pasión casi sexual, Georgia on my mind. Una nube de polvo se mezcló con los vientos del oeste y el sur arrastrando en la marcha autos y tejados de cartón. Conforme las notas seducían la noche, la ciudad se derretía y del fango de sus cimientos brotaba un aroma a chocolate. Pronto se acurrucaron al rededor de él, las amorfas criaturas de la noche que brotaban de alcantarillas, de roperos, de debajo de camas, de cofres de autos y de plantas marchitas.

Al terminar, el extraño hombre se levantó y regresó, en ondulada marcha, al bar de luces de neón y fantasmas de faldas y altos tacones en la barra.

"¡Catástrofe!...": dirían los diarios al amanecer.

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